El amor y la tristeza son dos términos k no deberían ir unidos. En el momento en que se unen, el dolor mas grande inunda el ser en el k habita el amor y lo corroe y destroza lentamente.
La tormenta k se desata cuando dos fuerzas tan imparables se entrecruzan es comparable a la que acabaría con la humanidad y por eso es imprescindible evitar que ocurra.
La tormenta de la que hablo es fácil de controlar con un simple "te quiero" pero esas palabras están arraigadas en lo más profundo de nuestro ser que son difíciles de arrancar para dejarlas salir…
Nada más lejos de la realidad, cuando decimos "lo siento" es necesario un "te perdono" porque si no, la tormenta de la que hablamos comienza a brotar haciendo de nuestras lágrimas la lluvia tempestuosa que baña nuestra piel arrasando con todo resto de felicidad…
Cuando todo esto ocurre, al mismo tiempo, el ser humano, con su fragilidad, siente como su cuerpo pierde las fuerzas, sus músculos se cansan y el rostro pierde la luz que lo caracteriza; en pocas palabras, su vida se apaga como el sol en el crepúsculo dejándose morir, perdiendo la esperanza y partiendo a un nuevo mundo de frío, oscuridad, tristeza y sobre todo, de melancolía.
Los recuerdos se apelotonan en la cabeza, desgarran todo atisbo de luz interior y arrasan con todo lo que encuentran a su paso hasta llegar al corazón donde se encuentra el amor, tímido, asustado, rezando porque llegue un rayo de esperanza que le devuelva la luz, ese rayo es el perdón que ha desaparecido y nadie sabe dónde está.
Así me siento, fría, débil y desamparada, visionaria de un futuro que no tardará en llegar. Es como soñar que algo malo va a pasar, aunque no está siendo un sueño si no la cruda realidad.
No se cómo explicarte que te quiero, no se cómo decirte que lo siento. Escucha a tu corazón y si no oyes nada, es que se ha apagado la luz, la negra oscuridad rodea tu corazón creando una coraza que no te deja sentir… Entonces, ¿qué quieres de mi?
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